
El 20 de mayo de 1928 se jugó en Santander la final de la Copa de España de fútbol entre el FC Barcelona y la Real Sociedad. Hasta tres partidos hubieron de disputar para que se decidiese un ganador, pues los dos primeros quedaron empatados en el marcador. En el último de ellos, Franz Plakto se convirtió en todo un héroe al parar un lanzamiento tras otro, a pesar de tener que hacerlo con seis puntos de sutura en la cabeza por una agresión. Rafael Aberti, impresionado por este guardameta, decidió dedicarle este poema:
Nadie se olvida, Platko,
no, nadie, nadie, nadie,
oso rubio de Hungría.
Ni el mar,
que frente a ti saltaba sin poder defenderte.
Ni la lluvia. Ni el viento, que era el que más regía.
Ni el mar, ni el viento, Platko,
rubio Platko de sangre,
guardameta en el polvo,
pararrayos.
No, nadie, nadie, nadie.
Camisetas azules y blancas, sobre el aire,
camisetas reales,
contrarias, contra ti, volando y arrastrándote,
Platko, Platko lejano,
rubio Platko tronchado,
tigre ardiendo en la yerba de otro país. ¡Tú, llave,
Platko, tú, llave rota,
llave áurea caída ante el pórtico áureo!
No, nadie, nadie, nadie,
nadie se olvida, Platko.
[...]
¡Oh, Platko, Platko, Platko,
tú, tan lejos de Hungría!
¿Qué mar hubiera sido capaz de llorarte?
Nadie, nadie se olvida,
no, nadie, nadie, nadie.
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