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martes, 2 de febrero de 2010

Invictus




EL RUGBY, TAMPOCO

El cine es un transmisor de emociones, pero hay un ámbito de la realidad que se le escapa: los deportes de equipo. Con excepción del baloncesto, que no ha dado a la historia grandes películas pero sí ha visto en la pantalla reflejado su espíritu rápido y cambiante, y el fútbol americano, sobre el cual gira una de las grandes películas deportivas de todos los tiempos, Un domingo cualquiera, de Oliver Stone, no existen filmes que hayan acertado a representar en el cine la emoción que transmiten los deportes jugados en equipo. El cine es patrimonio de las disciplinas individuales, como el boxeo, el atletismo o el tenis, a través de historias personales de superación. El fútbol, el deporte más popular de cuantos hay en el mundo, todavía espera esa gran película que haga justicia a las relaciones entre los dos grandes espectáculos de masas surgidos en el siglo XX. Hay filmes interesantes sobre fútbol, pero ninguno de ellos ha sabido representar en imágenes la pasión de un partido. Las grandes obras, como The damned United, de Tom Hooper, Furia española, de Francesc Betriu, o Buscando a Eric, de Ken Loach, recurren al material de archivo, a la realidad del juego para representarlo en la pantalla. Las películas más famosas, caso de Evasión o victoria, de John Huston, o Quiero ser como Beckham, de Gurinder Chadha, destacan por su historia y el oficio de sus directores, pero flaquean en la plasmación del desarrollo de los partidos. Por eso se perdona que Sylvester Stallone se encarnara en un portero malo en el filme de Huston. Si sobre fútbol hay algunas películas visibles, el rugby tiene una relación todavía peor con el cine. Rebuscando la filmografía sobre un deporte que goza de mayor consideración entre la población que el fútbol en países como Australia, Nueva Zelanda o Sudáfrica, se pueden encontrar rarezas como The sum of us, de Kevin Dowling y Geoff Burton, un filme australiano con un joven Russell Crowne al frente del reparto, la reciente Forever Strong, de Ryan Little, o la comedia gamberra No hay pelotas, de John Godber. Muy poca cosa para una disciplina que levanta verdaderas pasiones en aquellos países que fueron algún día colonias británicas. Hoy viernes llega a los cines españoles Invictus, la última película de Clint Eastwood y la que, para muchos aficionados al rugby, constituye la gran esperanza de ver un filme de calidad sobre dicho deporte. Basada en el espléndido libro de John Carlin El factor humano, Invictus se centra en esa parte del relato de Carlin que tiene que ver con el rugby, en el esfuerzo de Nelson Mandela, protagonista absoluto del filme interpretado por Morgan Freeman, por lograr la cohesión de una nación, dividida durante siglos por el ignominioso apartheid, entre blancos y negros, entre aficionados al fútbol y seguidores de los Springboks, la selección surafricana de rugby. Pero, pese a los esfuerzos (y el numeroso equipo de asesores sobre el juego con el que contó) de Eastwood por reflejar la emoción del rugby en los partidos del Mundial de 1995, disputado en Sudáfrica y sobre el que gira toda la acción del filme, la sensación que le queda al espectador es que Invictus nunca logra meterlo en esas melées, esas touches o esas transformaciones de los golpes de castigo. No hay dureza en las imágenes de un deporte tan noble como violento y la emoción de un choque en el que se jugaba su existencia todo un país recuerda, trasladada al fútbol, a la que destilaban las jugadas reproducidas por Huston en Evasión o victoria. Muy poco bagaje para el primer filme producido por Hollywood que trata de manera seria el rugby. Invictus demuestra que tampoco el rugby ha encontrado su película. Otra cosa son sus valores cinematográficos, que a mí no me corresponde juzgar, sino a los críticos de Turia.

Texto de PACO GISBERT, publicado en La Cartelera Turia, 20-01-2010.

sábado, 16 de enero de 2010

Sobre el rugby


“Yo iba con frecuencia a la ópera en Lisboa, no porque tuviera dinero para comprar el billete, sino porque mi padre era policía y conocía a los que trabajaban en el teatro y me dejaban entrar. Iba al gallinero, por encima del palco real. En lo alto, como tiene que ser, había una corona dorada. Si miras desde el palco la ves en todo su esplendor. Pero curiosamente -y esto sólo puede verlo quien está en el gallinero- la corona en realidad no era completa, sino solo tres cuartos de corona. Desde el gallinero uno veía la otra cara de la corona: la parte vacía, llena de polvo, de telaraña y de alguna colilla republicana. Tal vez de ahí me viene este afán de tratar de ver lo que está oculto. Todas las cosas tienen otro lado. Mientras no lo veamos no tendremos un conocimiento suficiente de la realidad”.
Extracto de entrevista a José Saramago, disponible en:

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Durante el trimestre pasado, el alumnado de primero de Bachiller realizó una breve aproximación al deporte del rugby. Como se reflejaba en las reflexiones de algunos de vuestros diarios, muchos/as experimentasteis una mayor comprensión del juego a medida que pasaban las sesiones y, también, vuestra “participación activa” fue en aumento. El balance, desde mi punto de vista, no puede ser otro que positivo. Así lo comprendí cada vez que nos reuníamos al final de las sesiones para hablar de los avances en el juego. Sin embargo, hay cosas que aprendemos sin darnos cuenta y que frecuentemente pensamos que son de sentido común, “normales”. No les prestamos la atención que se merecen. Situaciones que pasan desapercibidas en las sesiones y que sólo pueden comprenderse si estamos, como diría Saramago, “en el gallinero”. Explicitar estos asuntos creo que puede ayudarnos a mejorar y comprender las formas en que actuamos y pensamos. Sería como “el otro lado” de las sesiones de rugby. Para entenderlo un poco mejor reproduzco aquí, con su permiso, el siguiente texto escrito in situ por una compañera de primero de Bachillerato B, Carol Estruch. Carol observó una de las sesiones finales y anotó ideas a medida que se desarrollaba el juego.
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"Hoy nos centraremos en la clase de Educación Física. La vamos a analizar atendiendo a la participación de chicas y chicos. Pero antes de hablar de eso, se observa cómo, cada grupo ensaya su Haka para cuando empiece el partido y así intentar intimidar al adversario. Los dos equipos están preparando su coreografía. Empieza el juego. En este caso nos paramos a observar a un equipo de 1º BACH –B, los movimientos y pases del equipo blanco.

Por una parte vemos que en casi todos los partidos por no decir todos, los chicos son los que principalmente tocan el balón. En este caso hemos visto que los chicos han tocado el balón 14 veces y las chicas 6. Por lo que se observa que los chicos doblan e incluso más que eso, las veces que tocan el balón las chicas, lo que crea una gran desigualdad en cuanto a la participación en jugadas de ataque, ya que las chicas participan más en tapar al jugador para que no lo plaquen y defender que para atacar.

Por otro lado se observa también que los chicos consiguen ensayos con más facilidad que las chicas. En este partido los chicos han conseguido ensayos, al contrario que las chicas, que no lo han conseguido, ya que al quitarse la famosa ‘palmadita’ los chicos suelen tener más corpulencia y fuerza a la hora de ir atacando con el balón. Por lo que al tener las chicas menos cualidades (en este caso) enseguida nos placan o nos sacan fuera o nos hacen perder terreno ganado.

En tercer lugar, en la participación de la Touche (saque de banda), el equipo (en este caso) está con igualdad de chicos y chicas, ya que tanto unos como otras han participado en todos los saques de Touche.


Sobre el Drop, también se observa la participación masculina ya que todos los tiros del equipo han sido realizados por chicos, los cuales se han acercado bastante a la portería, con un palo incluido. En esta parte del juego las chicas suelen cobrar más importancia a la hora de defender (las más delgadas) subiéndose en los hombros de algún chico o chica, o como los chicos intentando parar el balón pero desde el suelo.

Finalmente, hemos concluido con una Melé formada por dos laterales: Aranza y Victor; y un central: Carlos. Poniendo la pelota en el medio, Cervera. Otro caso en el que el número de chicas es bastante menos que el de los chicos.

Citado todo una partido entero, sacamos la conclusión de que los chicos de alguna manera son más ‘necesarios’. ¿Es la palabra? A simple vista es lo que parece pero sin duda y desde mi punto de vista pienso que se puede lograr una igualdad, en el número de participaciones de chicas y chicos a la hora de atacar, ya que defender es más igualitario. Con esto busco que la gente reflexione y piense si de verdad es justo que en el año en el que estamos todavía no se haya conseguido una igualdad entre hombres y mujeres, tanto en deportes como en otros ámbitos, y hacernos una pregunta. ¿Es posible? Hemos avanzado bastante en este sentido, pero todavía nos queda mucho más por recorrer, desde luego no es fácil pero tampoco imposible. ¿Se conseguirá?"

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Gracias a Carol por permitir utilizar este texto en el blog.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Haka

Tenemos que ir pensando en nuestra Haka. Ahí va la original:


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